jueves, 4 de junio de 2015

Herrmann y 'Psicosis', en Barcelona

Curioso tipo, el gran Bernard Herrmann. Cascarrabias, introvertido, antipático por naturaleza... y uno de los más grandes compositores de música de cine de todos los tiempos. 

Hitchcock jamás hubiera sido el que recordamos si Herrmann no llega a formar con él un dúo que, como era de prever, terminó con ambos enemistados. 

Maestro de la psicología musical, no existió otro director tan ideal como el de 'Marnie' o 'Psicosis' con el que pudiera exponer más acertadamente sus atormentadas notas, las cuerdas más vibrantes que ha conocido el séptimo arte. Sus violines por agudos en la secuencia del asesinato de la ducha relacionaban nuestro subconsciente con el chirriar de unos pájaros y éstos con la taxidermia descubierta anteriormente en Norman Bates. Es decir: Herrmann nos 'dice' con su música quién está asesinando a Marion.

Si en aquella huida en coche de la protagonista en las primeras andanzas del filme no aparecieran los apresurados acordes de Herrmann, solo estaríamos viendo a una chica conduciendo que bien podría ir a comprar al Telepizza, por decir algo. Pero el compositor nos introduce en la mente una melodía machacona, preocupante, 'huidiza': está dejando atrás una historia de una manera poco ortodoxa y se va a enfrentar a algo que no es precisamente un restaurante de comida rápida. 

¿No os lo creéis? Corred a la vídeoteca. Si no la tenéis, pinchad en uno de los dos enlaces que os pongo. Visionad la secuencia con el volumen alto. Después, hacedlo con el volumen a cero. Incluso Marion sonríe en alguna ocasión. ¿Qué impresión tenéis?

Es la magia de la música de cine. De Bernard Herrmann, del mayor compositor huraño del mundo. Con ocho años, su profesor de violín le dijo que no servía para rascar. El pequeño Herrmann le partió el violín en la cabeza y se marchó a su casa tan tranquilo. Está claro que su enseñante se equivocaba, pero de eso a merecerse un chichón...

Una de las diferencias más sonoras entre Hitchcock y Herrmann fue precisamente la secuencia de la ducha de 'Psicosis', en la que el director no quiso colocar música a las escenas. Le dijo al compositor que había decidido traer unos melones y un gran cuchillo, de manera que utilizaría un efecto de sonido solamente, el de la hoja de acero entrando en la fruta, que produce la sensación y audición más cercana a un arma penetrando en el cuerpo. Herrmann le dio una palmadita en la espalda y le dijo que se marchara y lo dejara a él. Tras dimes y diretes, surgieron aquellos violines.

Su estilo dejó paso, en el crepúsculo de su carrera, a otro tipo de música, pero jamás dejando a un lado el tormento plasmado en sus partituras. Su obra póstuma fue 'Taxi Driver', en la que comenzaba una etapa de influencia jazzística sumamente interesante, adaptada al personaje que encarnaba Robert de Niro, ideal para que Herrmann se introdujera en otros campos musicales sin abandonar su estilo. Pero el compositor fallece escribiendo las últimas corcheas para la película de Scorsese.

La Orquesta Simfònica del Vallés ofrecerá un espectáculo en Barcelona, el próximo mes de octubre, en el que se proyectarán secuencias de 'Psicosis' con la interpretación de la banda sonora en directo. Ya podeis comprar las entradas en el enlace que también os dejo.

En la foto, Orson Welles y Bernard Herrmann que, con Miklos Rozsa, se convierten en mis dos compositores de cine favoritos.


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