viernes, 6 de diciembre de 2013

Mandela

Ha muerto a los 95 años. El mundo (casi) entero consternado, pero digo yo que lo normal es que un hombre cercano al centenar de primaveras ya hubiera fallecido hace tiempo, de manera que podemos considerarnos más que sastisfechos de haberlo tenido como ejemplo vivo tanto tiempo.

Ello es motivo de alegría. En una época en la que carecemos de seres humanos valientes, él ha permanecido hasta mucho más allá de lo esperado. Su marcha no debe desalentarnos, porque lo importante de Madiba es su legado, su ejemplo de lucha de la que no queremos aprender ni seguir. Que no anhelemos continuar sus pasos y no aprendamos, quedando en el olvido todo lo que logró en vida, sí será motivo de tristeza. Esperemos de todo corazón que no sea así. Mientras, un enlace musical en su honor y el recordatorio de una perfecta descripción escrita hoy en la portada de 'El País': "Mandela manejó la política con maestría combinando un encanto infinito, nacido de la enorme seguridad en sí mismo, principios inflexibles, visión estratégica y pragmatismo".


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