lunes, 15 de julio de 2013

¿El sistema, en peligro?

 Imaginemos por un momento que Mariano Rajoy dimite de la Presidencia del Gobierno. Si es sustituido por Soraya Saenz de Santamaría, como dice el charlatán de Revilla, ¿ello nos garantiza acaso una regeneración democrática, una limpieza en profundidad de la pudredumbre de los partidos, o solo serviría para calmar temporalmente una crispación que volvería a surgir en cuanto afloren otros previsibles casos de corrupción?

Si se opta por convocar elecciones anticipadas, ¿el resultado nos salvaría porque el PP limpiaría sus listas, cargos a todos los niveles; el PSOE sería capaz de borrar del mapa su imagen provocada por el caso de los eres entre otros, actuando con una decidida renovación de sus políticos aspirantes a gobernarnos? Lo más probable es que también 'sirva' exclusivamente para calmar a los votantes hasta que vuelvan a aparecer contabilidades paralelas, sobres, cargos imposibles de fiscalizar con la actual ley... No soy defensor del bipartidismo, pero incluir en estas suposiciones a IU o UPyD no tiene sentido alguno por irrelevancia a la hora de optar a gobernar.

Conclusión: el problema de este país no es Rajoy, sino un sistema viciado más allá de nombres. Y si a España le costó generaciones enteras alcanzar la democracia (partitocrática, eso sí), a este ritmo tendrán que volver a sucederse décadas para regenerar la organización política de un país basado en partidos y con una división de poderes que provoca la risa floja.

El problema empezará a ser realmente grave cuando el ciudadano crea que el sistema democrático actual resulta consustancialmente viciado y aparezca un lider mesiánico que asegure que los partidos deben ser disueltos, 'abriendo los ojos' hacia otro tipo de 'democracia'. Al fin y al cabo, izquierdas y derechas fueron creadas hace apenas doscientos y pico de años, no más. Entonces, ¿entrará España en esa creciente preocupación que no queremos ver aunque se palpe, en la que ya está enfrascada Francia, donde los obreros están encumbrando partidos de ultraderecha? Sin tratar de ser alarmista, ¿vamos camino de repetir la historia?

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