martes, 11 de octubre de 2011

Verano azul, treinta años después


Hoy hace treinta años que empezó a emitirse 'Verano Azul'. La presentación de la tercera temporada del periódico, su próxima edición y la exposición fotográfica de la Familia Quijano que estamos montando me impide ir a celebrarlo en Nerja, donde van a disfrutar de una serie de actos que se prolongarán hasta mañana miércoles, entre ellos la emisión del primer capítulo con los protagonistas presentes y un debate público.

Será sumamente complicado que se dé otra ocasión en la que puedan acudir juntos los actores que hace tres décadas eran unos niños y hoy son adultos a los que la vida les ha deparado caminos distintos que 'Verano Azul' logra unir de vez en cuando, especialmente este martes, haciendo partícipe de la conmemoración a Juanjo Artero, María Garralón, Cristina Torres, Miguel Ángel Valero, Gerardo Garrido y especialmente Miguel Joven. El actor que encarnaba al travieso Tito se ha convertido en el mejor embajador que pueda tener Nerja y es el principal auspiciador del encuentro de estos dos días, al que desgraciadamente ya no podrá asistir Antonio Ferrandis. Tampoco puede hacerlo Antonio Mercero, cuya salud es delicada. Sería también entrañable ver desfilar ante nuestros ojos, treinta años después, a aquellos maravillosos secundarios: los padres de los niños, Frasco, el 'Gran Massip', 'Barrilete' el policía municipal, el alcalde, el cantante Bruno... Algunos han fallecido, otros no siguieron los vínculos y varios quizá acudan a los actos que harán de Nerja un auténtico lugar de fiesta y añoranza, entre ellos Ayo, cuya paella en su chiringuito es cita obligada para los visitantes de la bella localidad malagueña y que siempre lo recordaremos con aquellas frases en el capítulo 'Pancho Panza' cuando el jovencito enamorado de Bea le roba su hermosa yegua.

Este pasado verano estuvimos en Nerja. A pesar de que el barco de Chanquete expuesto es una réplica con varios detalles imperdonables no coincidentes con el original -destruido en su día por la estrechez de miras de las administraciones-, resultó emocionante visitar el parque donde se encuentra, la original idea de rotular las calles con los nombres de los protagonistas de la serie o los pilares con los azulejos en los que están reflejados los títulos de los capítulos. Fuimos a las calas de Maro buscando allí donde la crecente voz partida por el dolor de Pancho advertía de la muerte de Chanquete a la pandilla mientras Mercero daba precisas instrucciones a María Garralón para que soltara el balón al aparecer corriendo aquel sobrino de lechero de pueblo que vio el universo del mundo durante un verano gracias a ocho nuevas amistades. Recorriendo las calles de Nerja busqué afanosamente con la vista los lugares donde aquel grupo heterogéneo de chiquillos tomaba helados compartiendo los chupetones del mismo cucurucho; la taberna de Frasco donde un arquetipo de chulo setentero sacó del bolsillo lo peor que el ventero podía ver en su local; busqué las mariposas negras de Julia pirueteando por subidas y bajadas que daban a la casa circunstancial de la pintora y, casi como si se constituyera en un lugar de oración por todo lo que me aportó en mi infancia y juventud, encontré el enclave donde, mirando hacia el mar, se hallaba La Dorada. Imaginé la oficina circunstancial de Promovisa que destruyó a tiros Francisco Sánchez Pollack, el puerto imposible de donde salía Buzo relatando sus penas y en ocasiones, el hospital donde Ferrandis rió sin parar mientras aquel tipo enyesado sufría el martirio de las cosquillas de los niños más sinverguenzas de todo Nerja. Busqué infructuosamente el ciclomotor verde que Carlos Larrañaga regaló a Cristina Torres, Desita. "¿Sabe lo que le digo? Que usted no es ningún chollo...".

En el parador quise ver a Bruno con su conjunto impoluto de camisa y pantalones blancos y el impagable grupo de baile tras él. El chico no era otro que el cantante Gonzalo, que por aquel entonces tenía cierto y limitado éxito con sus temas. Alzaba la vista para ver a nuestros diablillos encaramados a un árbol fastidiando el rodaje de su vídeoclip y, de regreso para coger el coche camino de Cádiz, prometí volver pronto para disfrutar de las sensaciones que me produciría en octubre ver al equipo reencontrado. Ahora me resulta imposible, pero llevo en el corazón a todos sin conocerlos personalmente a la mayoría y en mi interior una serie capital en varias generaciones, especialmente la mía.

Fue hace unos años cuando, cubriendo el Festival de Cine de Málaga para mi programa de radio, conocí a Antonio Mercero y compartimos una charla en una cafetería. Allí le hice ver mi particular visión de algunos personajes de 'Verano Azul' y su trasfondo social e incluso retorcidamente sexual de varios de ellos. Nunca sabré si su amable sonrisa fue una manera de mostrar su complicidad y asentimiento o una respuesta educada a mis disparatadas reflexiones.

Este verano, tras volver de Nerja, hemos revisado todos los capítulos. Hemos llorado nuevamente con la sevillana del adiós, el vello se ha erizado como preludio cuando la lluvia caía en un capítulo postrero sobre las mesas y veladores estivales, anunciando el título de la canción del Dúo Dinámico. He apretado los dientes al volver a oír la frase "Jovencitos, agua va" en aquella casa siniestra en boca de un mago vencido por el acohol y hemos preparado la mente para el capítulo más setentero del momento, para aquel particular '2001' cristiano que era 'El visitante'. "Me diste tu naranja. Yo necesitaba esa naranja. Cuando se tiene, se da; cuando se necesita, se toma".

Que hoy disfrutéis, Miguel. Que resurga en ti el espíritu de Tito, inseparable de Piraña encarnado por Miguel Ángel Valero, cuya familia conozco al ser de San Fernando. Larga vida a 'Verano Azul', a su creador, a sus actores, a su equipo, a Carmelo Bernaola por su banda sonora que nos hizo silbar a generaciones enteras y emocionarnos con el bellísimo tema principal de 'Beatriz mon amour'. Un abrazo y nos hablamos en facebook.

2 comentarios:

Sergio dijo...

Me ha emocionado tu publicacion. Llevo unos dias revisando la serie con mi hijo de 8. A pesar de que hay episodios insoportables (EVA), y momentos de gran verguenza ajena, no puedo dejar de emocionarme en general con todo lo que me transmite esta serie.

Me gustaria estar en las celebraciones con mi hijo, se que a el le encantaria. No deja de preguntarme como es posible que desmontaran el barco de Chanquete...

en fin, nos ha marcado esta serie.

Es inolvidable.

Bac Hylon dijo...

Jolines, esto es Historia Viva de España, así, con mayúsculas. Para todos los que crecimos en los 80, un mito sin parangón.

No tenía ni idea de que se celebraban este tipo de actos de aniversario en Nerja, pero desde luego, es lo menos que pueden hacer. Luego están las cuevas, pero en segundo plano.

Me encantaría poder ir, este año ya no podrá ser, pero me lo voy a planificar para los venideros.

Un abrazo.