martes, 15 de marzo de 2011

Lumbreras de la traducción


Tal día como hoy, un 15 de marzo aunque de 1956, se estrenaba My Fair Lady. La obra de teatro se adaptó al cine creo recordar que en 1964. En otro alarde de estupidez congénita, algún cretino se inventó lo de "La lluvia en Sevilla es una maravilla" para una de sus secuencias más famosas. En el diálogo original ya se sabe que la capital hispalense no aparece por ningún lado. Lo mismo podían haber dicho "en cuclillas" y hacer un guiño al escatologismo o a lo que se observa entre los coches la sonrojante noche de sábado del Carnaval de Cádiz. O "la lluvia de manzanilla es una maravilla" y la cantaríamos en las casetas de ferias a partir de mayo.

Al final, una de las decisiones más lamentables del régimen franquista en el ámbito cultural y linguístico como fue doblar las películas -unido a otras malas costumbres que continúan vigentes en el país- se impuso y a (casi) todos nos hace gracia lo de imaginarnos a Julie Andrews diciendo que Sevilla es orgásmica con una rima a lo Gloria Fuertes. Si lo pensamos, es bochornoso. En el vídeo que os cuelgo se puede apreciar la traducción correcta. Y es que en España nos sentamos a disfrutar de El buscavidas y lo que nos despachan es el 50% de Paul Newman. La otra mitad es su voz mutilada, de manera que sus mejores momentos en el cine en toda su historia, que son los últimos quince minutos de la obra maestra de Robert Rossen, no la disfrutamos como debe ser ni de coña. Quien quiera un producto adulterado que lo consuma, allá cada cual. Pero que los que queremos a los actores en plenitud de sus registros interpretativos no tengamos derecho a contar con una sala por cada cierto número de habitantes por ley dice mucho de la incultura en la que este país se empeña en permanecer estancado, más preocupado en establecer debates nacionales sobre un quítame allá diez kilómetros por hora.

El debate del doblaje ya es manido, lo sé. Pero me brinda la oportunidad de trasladarlo también a los títulos de las películas. Hice en la radio programas enteros sobre este asunto que en estos días estamos recordando en facebook. Y así, nos quedamos tan panchos cuando una película llamada Biloxi Blues la titularon en España Desventuras de un recluta en apuros. Era una con Matthew Broderick. Igual de sangrante fue aquel maravilloso título, The Year of Dragon, el filme protagonizado por Mike Rourke, que aquí la llamamos absurdamente Manhattan Sur. Y no digamos nada de lo sorprendente que resultó ver que Sleepless in Seattle era rebautizada como Algo para recordar, mientras que a Wayne's World se le endosó el subtítulo ¡Qué desparrame!.

Goodfellas, de Martin Scorsese, tuvo la 'suerte' de encontrarse con un descerebrado que creyó que dejándole el título o aproximándonos a él no íbamos a ir a verla al cine. Claro que, si la retitulaba como Uno de los nuestros, haríamos cola. Y es que estos angelitos son más listos que los propios productores y directores. Más que Silvester Stallone, cuya mejor película de su famosa saga -además, título de un conocido libro- era First Blood. En lugar de Primera Sangre, optaron por sintetizar: Acorralado. Tócate los cojones.

Os invito a rebuscar en títulos y compararlos con los originales. Más de una sorpresa nos llevaríamos paralelamente a la incredulidad. No es nada nuevo, que conste. A Capra en España le rebautizaron su Arsenic and Old Lace como Arsénico por compasión, e incluso la famosa Tiburón de Spielberg no se llamaba así, ya que Jaws significa Mandíbulas. Y dentro del insulto a la capacidad deductiva del espectador, algún lumbreras nos indicó, por si teníamos dudas, que Alien era el octavo pasajero. ¡No me jodas! Espera, que cuento: Ripley, Parker, Ash, Lambert... Además, el que incluyó la coletilla en el título de la obra maestra de Ridley Scott no contó al gato de Sigourney Weaver, que también era un pasajero. Un respeto a los felinos y a la Academia de la Lengua, coño, que contempla a los bichos como tales cuando viajan.

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