jueves, 5 de agosto de 2010

Días torcidos

Hay días que suceden cosas inexplicables y surgen preguntas que no tienen respuesta. Entonces más vale que las horas transcurran rápidas y ya mañana... aparecerán otros interrogantes que tampoco sabrá nadie contestar. Porque, veamos,... Llevas unas fotos en un lápiz óptico a que una maquinita automática te las imprima en Carrefour, que cierra a las diez de la noche, y cuando vas a darle al aparatito, está apagado.

-"Oiga, ¿la máquina de fotos...?"
-"No, es que se apaga a las diez menos cuarto".
-"Ah, entonces ustedes cierran a las diez menos cuarto".
-"No, no, a las diez".
-"¿Pero no me está diciendo que la máquina se apaga a menos cuarto?".
-"Sí, pero el local se cierra a las diez".
-"¿Y no ponen ustedes un cartel advirtiendo de que la máquina se apaga antes?"
-"No, es que cerramos a las diez...".

Y así sucesivamente. Conversación de besugos, de manera que ya saben. Si quieren sacar algunas fotos de la maquinita del Carrefour, caso omiso al horario porque un cuarto de hora antes te la fulminan.

Es como ir al banco y tratar de pagar en un ingresador. Jamas creí que pudiera fallar un mecanismo para darle dinero a un banco, eso es lo último para sus intereses que puede joderse del sistema informático o como queramos llamarlo que controla todo eso de organizar los cuartos de una entidad financiera. Pues falla. Y tanto. Media mañana por lo menos, calculé yo.

Después vas a entregar un pantalón a la lavandería rápida (je) de otro centro comercial para una boda este sábado. Lo llevas el martes, pero te dicen que hasta el jueves de la siguiente semana no puedes recogerlo sin la pamplina de mancha que tiene en un pernil, fruto de una gamba rebozada saltarina en un acto reciente. Es decir, que para lavar un pantalón, diez días. Y eso que es tintorería rápida. He cambiado de traje para el casorio de la pareja que ha tenido la gentileza de invitarme.

Lo mejor es que, después de ir al edificio de Hacienda en Cádiz para recoger un certificado de estar al corriente de pago con ellos y hacerlo dos veces por un error de la administración, se te quede el coche tirado porque la batería ha ido por tabaco. En Renault dicen que un coche con capota es que chupa mucha energía si la quito algunas veces y esas cosas. O sea, que el (carísimo) coche, ese que me tiene con el agua al cuello unos añitos, es la repolla de vacilón y bonito, pero la batería es como para un Mini Morris. Pregunto en mi ignorancia si es que no se hacen baterías potentes para estos coches y así evitamos mi cara de gilipollas esperando una grúa. Pero no, no hay respuesta convincente.

Para completar la jornada, creo que ya encontré el motivo por el que Orange te regala un Nokia no recuerdo ahora el modelo exacto, con cámara de 5 megapixels y todo lo que quieran vendernos, por el simple hecho de cambiarte de compañía. Yo lo hice en marzo pasado, dejé Movistar tras muchos años y me fui a los naranjas. Y como decía, ya sé porqué regalan un terminal: resulta una auténtica mierda y la pantalla se ha ido también a comprar tabaco. No veo nada, ni puedo llamar, ni ver quién me telefonea, ni manejar el menú,... Y no me he bañado en la playa con el móvil encima, que conste.

A ver mañana qué toca, porque insisto: hay días en los que la humanidad se levanta torcida.

No hay comentarios: