viernes, 22 de enero de 2010

Las redes sociales

Cuando aún no se usaba la palabra interactividad ya algunos interactuaban con gente extraña, allá por mediados de los noventa. Inventaron la cosa del 'Partyline' y las facturas telefónicas de las empresas subieron como la espuma. Habían descubierto que llamando a no sé qué número, aparecían al otro lado del teléfono unas cuantas chicas -o chicos- que decían constantemente "¿Hola?", y si te agradaba su tono de voz, no seguían dándole a una tecla y el interesado se quedaba morsegando con ella/él. Era el inicio de los chats. Como aquello costaba un cojón al bolsillo y llegó internet que era más barato -aunque no se había inventado aún la tarifa plana-, aparecieron los primeros sitios de conversación entre gente desconocida, como el caso del portal http://www.chat.com/. Aquello era como la maquinita de Atari del tenis de los ochenta, pero en lugar de dos palos blancos dándole a una pelota cuadrada, aparecían unos monigotes encerrados en un cuadrado que representaban al personal conectado y al lado derecho otra 'habitación' a donde se trasladaba el primitivo icono si decidías charlar. Todos eran norteamericanos, aquí aún no se estilaban estas técnicas. En 1998 me hacían gracia aquellas habitaciones primitivas charloteando en inglés, nada que ver con el buitreo sexual de hoy. Creo que me atraía más el hecho de ver que en tiempo real podías escribirle a alguien de Minnesota o de Connectica que cualquier otra intención. Acojonante.

Transcurrieron los años y fijaos en lo que se ha convertido algo a lo que le vi futuro desde el primer instante. Algunos tratan las redes sociales como si de los programas de la telebasura se tratasen. Hay de todo, claro está, pero generalmente reconozco que me gustan y me enganchan, aunque también la atención que le presto a mis espacios abiertos en algunas de ellas va en función del tiempo del que dispongo. Este blog, de hecho, es una red social...

Todo el mundo tuvo acceso a internet y a compartir sus cosas, algo que a priori me parece curioso y analizando hoy día a algunos/as, sus comportamientos en la red no dejan de merecer todo un estudio sociológico. Así, los/as hay presentes en cuantas más páginas mejor, que escriben frases tan interesantes para el resto del mundo mundial como "Me akavo d jamar una tostá acavá de levantá antes de ver a mi gordo/a"; otros/as hablan de las croquetas de su madre. Los/as más necesitados/as de que se les haga caso, tratan de llamar la atención contando su vida personal, indiscrecciones, torpezas varias, lo bien que saben los besos de su chati, todo ello en apenas varias frases, la borrachera de anoche entre angangos o lo que quieren a un/a amiguito/a hasta el paroxismo. En definitiva, comentarios que nos importan un absoluto carajo. Otros se esconden tras un seudónimo para practicar la cobardía, deporte nacional de este país codeándose con la envidia. No sólo hay cobardes en la red, también existen sentados en mesas ovaladas. El caso es que los leemos buceando por la red. ¿Por qué? Creo que por mi parte se justifica debido a un cierto interés sociológico sobre el comportamiento humano y desde luego para comprobar lo sola -y desequilibrada en determinados casos- que está la gente en el mundo, muchas veces por méritos propios. Y se supone que el solo soy yo por tener 41 años y vivir con un gato. Je.

Los/as hay que dicen que están duchándose y después van a ver Gran Hermano. ¿Y qué? Los/as hay compulsivamente victimistas y mentirosos/as con ellos/as mismos/as, que es lo peor que puede sucederte. Los/as hay agregando a gente indiscriminadamente para no se sabe qué. En tuenti para qué hablar,... En general es divertidísimo, estoy loco por leer algún estudio serio al respecto sobre los comportamientos humanos en la red. Yo por mi parte participo de ella pero me cuido de roles innecesarios. Me pregunto por qué en Facebook la propia página me sugiere que agregue como "amigos" a algunos caretos que me aparecen cada vez que me conecto y curiosamente por proximidad geográfica se me plantan en mi pantalla despojos humanos que has llegado a conocer: periodistas traidores y trepas, mediadores chuflas de discotecas, expertos en puñaladas traperas de años atrás que ya creías muertos, políticos figurones, cofrades hipócritas de golpes de pecho, abracitos al quitarse el capirote y desagradecidos/as, carnavaleros de pacotilla monotemas, futboleros ufanos de gloria, zorrones/as ingratos/as,... Es la ligereza llevada a la máxima expresión en lo que a la palabra "amigo" se refiere. Yo trato de no ser amigo de cualquiera. Y yo, que soy un cualquiera para los cualquieras que quieren ser mis amigos, creo que no pinto nada en sus nóminas de amigos. Vamos, que soy un cualquiera, lo admito.

Me voy, que tengo que escribirle a mi amigo José Luis Porquicho en el facebook que el cuarteto que acaba de actuar en el concurso de agrupaciones carnavalescas en el Teatro Falla de Cádiz no me convence mucho. Eso dará para un par de horas de intercambio de opiniones. Uf, las redes...

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