jueves, 3 de septiembre de 2009

Debió ver que no había agua...

No sé si con lo que te topas en la calle es un fiel reflejo de que el ser humano tiene un martillazo dado en la cabeza. Si no del todo, un par de golpes con la parte más fina y alguna puntilla torcida que le toca la sustancia gris. Lo mejor es tomárselo a risa o incluir las cosas que uno ve en el catálogo de imágenes surrealistas.

Sales de cenar de un establecimiento una noche de verano, andas camino de casa -el coche hay que usarlo lo justo para así ahorrar, entre otros factores negativos 'circulatorios'- y junto a un contenedor de basura te das casi de bruces con un bidé. El de la foto que capté con el móvil, para ser más exactos. Arrumbados en los contenedores te encuentras de todo hoy día, puedes montarte un salón si no eres remilgado con la calidad de la madera o has caído en desgracia. O sueldas varios cables y algún que otro televisor abandonado fijo que logras que se vea, de manera que encontrarte al paso con un bidé es algo que, aunque no debiera serlo, parece hasta normal. Pero este invento baronístico utilizado por las féminas para su higiene íntima y por nosotros para poco más que lavarnos los pies, digamos lo que digamos, no sólo había sido abandonado en la calle, sino que sobre su porcelana se hallaba un bolso de señora. En la foto se ve.

Debe ser que alguien necesitaba un flete vaginal rápido, tomó asiento, vio que no aparecía el agua por el grifo y salío apresurada al bar de enfrente, dejándose el bolso en el sitio. Porque otra explicación no le encuentro.

Entre el pollo fiambre del Mercadona sobre las botellas de suavizante, la pintada 'Esta es la pared de mi salón' en la calle de al lado y ahora el bidé con bolso abandonado, ya no sé qué pensar...

1 comentario:

Mar dijo...

El surrealismo enriquece y dinamiza la rutina cotidiana.

Una vez quedé con un desconocido en una rotonda..... A la hora convenida, yo estaba en una rodonda y él en la siguiente: ¿Fin de la cita?

No, no era el final. Nos encontramos en su rotonda. Él hablaba por el móvil, yo también. Manteníamos una casi absurda conversación, entre él y yo, el uno al lado del otro..... entonces nos reconocimos: ¿Tú debes ser...?

Quizás uno de los dos no era el otro, pero es igual, lo importante es que, previo a la rodonda, eran desconocidos.

El caso es que fuimos a cenar y - aunque te cueste de creer - cuando salimos del restaurante, encontramos un bidé y un bolso junto a un contenedor.....

¡Ah! Era una noche de verano.