jueves, 22 de enero de 2009

John Williams y los olvidados

Consciente de que seré linchado o simplemente acusado de ir contracorriente, diré que de toda la ceremonia de toma de posesión de Barack Obama como presidente de Estados Unidos, lo que más esperaba ansiosamente era la participación del compositor John Williams. Todo el mundo sabe ya lo que opino sobre el asunto en el ámbito político. Obviamente, me satisface tener de presidente del mundo a alguien más moderado y de mejores intenciones que el nefasto George W. Bush, pero insisto en que el cuadro Saturno devorando a sus hijos bien pudo ser una predicción de Goya referida a Estados Unidos más que a cualquier otra desazón sobre España.

Me parece estupendo tanta atención de millones de personas a los fastos del evento y los loores a Aretha Franklin, maravillosa donde las haya. Pero durante estos dos últimos días estoy cansado de oír lo mismo en todas las emisoras de radio y televisiones (incluido el error en el juramento) y las alabanzas a la Franklin, y a nadie le ha dado por dedicar lo que se merece a un grande entre los grandes que tuvo a su cargo la dirección musical de la interpretación de las piezas musicales en el acto del juramento. Aquel hombre de casi ochenta años, barba blanca y mirada tierna que muestro hoy en la fotografía acompañado de Karen Han, la virtuosa del instrumento oriental Er-Hu, era John Williams, designado para participar en la toma de posesión de Obama dirigiendo a un cuarteto con grandes músicos como Yo Yo Ma o Itzhak Perlman.

¿Acaso John Williams no se merece ni una foto en los periódicos del mundo? Quizá en alguno norteamericano haya aparecido, pero en Europa...

Resulta que ese señor que apareció unos minutos anteayer ante sus pantallas es el compositor de grandes obras del siglo XX para el cine y para orquesta. Gracias a él podemos disfrutar de sus partituras magistrales como La lista de Schindler, Superman, Tiburón, Star Wars, Monseñor o dos de los himnos olímpicos, el de Los Ángeles y Atlanta. Usadas todas estas notas hasta la saciedad para anuncios, reportajes audiovisuales y otros intereses, John Williams es uno de los músicos vivos más importantes de todos los tiempos, con un prodigioso uso del sentido sinfónico orquestal, cuatro Globos de Oro, 20 premios Grammy, 45 veces nominado a los Oscars (!). Y nadie ha hablado de él y su participación en la ceremonia de Obama.

Al fin y al cabo, fue peor cuando murió Miklos Rozsa, el 27 de julio de 1995, y ni un solo informativo habló de la obra del autor de Ben Hur, mientras que el infortunado Antonio Flores falleció un mes y medio antes y todavía, en pleno verano, todos los días no se hablaba en la televisión de otra cosa que del cantante español. Aún hoy dan la vara con el asunto. O la desgraciada noticia de la muerte de otro grande de la música, Jerry Goldsmith, el 21 de julio de 2004, y en España sólo se escudriñaba en los medios de cómo había muerto Carmina Ordóñez horas después.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Estimado José Carlos. Fui seguidor de tu programa de cine allá por los noventa. Mientras lo oía resumía la filosifía de Kant, Nietzsche o echaba un vistazo a las proteínas. Eran años de Bachillerato.

Me encanta la música de cine y el pasado año fui a Úbeda con una amiga a ver "qué era eso". Creo que te vi pero no conocía tu rostro. Este año estaré encantado de presentarme y saludarte.(espero volver al festival, me gustó mucho).

Sobre tu artículo; totalmente de acuerdo. John Williams es y será uno de los grandes compositores. Merecía un reconocimiento que no ha tenido y no sé si tendrá.

Un saludo.

Ismael
Cádiz

Bac Hylon dijo...

Tienes toda la razón. Siempre ha habido y habrá Grandes de Hollywood que, por no haberse acostado con tal o cual, o por no gastarse más de cuatro carretes de fotos en ellos cuando pasan por la alfombra roja, no recibirán nunca el reconocimiento que merecen. Y menos por parte de una autodenominada prensa, más pendiente de cotilleos y carroñeos, como tristemente ocurre en nuestro país.

Menos mal que, por lo menos, quedamos nosotros, sus fans, para recordarlos como merecen.

Abrazos.