viernes, 26 de diciembre de 2008

Carta al Rey 'Mago'

Mi querido y no admirado monarca:

Usted sabe sobradamente la escasa admiración que le guardo a la Corona y mis sólidas dudas a la hora de admitir a la Monarquía como sistema de gobierno en mi país. No obstante y por encima de predilecciones e ideologías, considero el respeto como un elemento consustancial a la democracia, a pesar de que los republicanos aún tenemos que soportar miradas despreciativas por el mero hecho de creer que usted llegó a la Zarzuela por la gatera, como heredero de un sistema de alargada sombra, o simplemente reflexionar sobre el hecho de que usted es un claro ejemplo de anacronismo estatal en pleno siglo XXI.

No obstante, ahí está sentado, cada Nochebuena, dirigiéndose al país como manda la tradición, y a mí me basta con apagar el televisor si lo tengo encendido, aunque jamás lo hago a esa hora porque escucho mientras me preparo para la cena un recopilatorio muy adecuado para la efeméride con las bandas sonoras de Ben Hur, El Cid, Los diez mandamientos y alguna canción de Horner de las de sus buenos tiempos.

Le reconozco que en esta ocasión relegué a Miklos Rosza y otros a un segundo plano para escucharle. La actual situación mundial y la acuciante crisis podían ser asuntos que, en su boca a modo de reflexión, le admito que me daban morbo. Así que, tras tragarme su soporífera alocución, no me resisto a escribirle mi carta al Rey, que no es precisamente la que he enviado a los Reyes Magos, porque sencillamente la que se remite a los monarcas orientales se cumple en numerosas ocasiones y la que le escribo a usted debe ser que tiene el remite equivocado cada año y no recibo contestación.

La informática avanza que es una barbaridad, así que como internet llega a todos los rincones y me satisface mucho decirles cuatro cosas a algunos desgraciados a través de mi blog (no va por usted, don Juan Carlos) hoy voy a hacerle, con su permiso, un ramillete de puntualizaciones a su discurso. Sin ánimo alguno de acritud, pero colocando una serie de puntos sobre las íes que los españoles necesitamos ver completas, con su puntito y todo, para leer mejor las palabras de nuestro idioma.

De manera que me gustaría que se expresara con mayor claridad cuando dice que "hay que tener capacidad para resolver problemas y alcanzar nuevos objetivos" en relación a la Constitución de 1978. ¿Se refiere a modificar de una vez por todas un documento a todas luces obsoleto por su carácter intrínsicamente transitorio? Entonces, ¿por qué no deja de emplear eufemismos y nos dice claramente que tenemos que solucionar los problemas territoriales (incluyendo no sólo la organización de las autonomías, sino el destino del Senado) o los judiciales amparados más allá de un Código Penal? ¿Le da miedo conmocionar al PP, por ejemplo, al decir que tenemos que mejorar las reglas del juego?

¿Qué son "planteamientos integradores y solidarios" con "cultura política de ilusión"? ¿Me lo explica? En minuto y medio de discurso, no ha dicho usted nada, Don Juan Carlos...

Habla usted del terrorismo y sus consecuencias, pero se limita a decir que "se encuentra cerca de las familias" afectadas y que nuestros "derechos y libertades no pueden ser violados y amenazados por profesionales del terror, por lo que debemos seguir luchando para derrotar al terrorismo". Pero eso lo digo yo y el Gran Pitufo vestido de colorado y con barbas (sospechosamente similar a Papá Noel) en su alocución navideña en Pitufilandia. Y cada español, cada ser humano, también lo suscribe. La piedra angular está en decir precisamente cómo se hace eso o sugerir los métodos a una sociedad cuya exposición de lo que sucede, sin medidas para paliar sus problemas, se convierte en palabrería estéril e incluso a veces barata por su contenido.

Llegados al asunto de la crisis, le ruego ya finalmente que no me tome el pelo. Yo he sufrido la patada de un empresario impresentable y fracasado y nadie me ha amparado desde el punto de vista legal. Dice usted que "me preocupan muy especialmente las personas que han perdido su empleo". Pues ha tenido ya una treintena de años para hacer del trabajo un derecho fundamental y constitucional para los españoles. Podríamos hablar de ello también cuando al inicio reflexionábamos sobre la Carta Magna. Entérese de una vez, pero mejor reconózcalo junto con su presidente del Gobierno, que los empresarios ya han sobrepasado la barrera de lo permisible y que los tiempos en los que largaban a la calle a sus empleados sin darles un duro pasaron. Ahora te echan y te pagan lo máximo permitido para que no puedas maniobrar legalmente contra ellos. Tienen dinero, procedente de no se sabe dónde, o amasado durante meses para revolver la empresa, y no les duelen prendas al pagar 45 días por año a padres de familia o jóvenes recién embarcados en una hipoteca. Saben que indemnizando con apenas diez mil y quince mil euros no hay ley que les meta el diente y prescinden del trabajador aun siendo indefinido. En España, Don Juan Carlos, el trabajo no es un derecho constitucional y te largan cuando le salga de las narices al explotador. Si semejante sujeto se viera obligado a mantener blindado al empleado indefinido sopena de tener que pagarle cantidades tan astronómicas como las que se manejan en el fútbol para traspasar futbolistas, entonces otro gallo cantaría. Pero hacer fijo a un trabajador sólo beneficia hoy día al empresario, que recibe subvenciones y ayudas por ello, y a las cinco años, si desea prescindir de él, en una mañana cualquiera le pone un cheque por delante admitiendo la improcedencia del despido y con apenas seis mil euros para que lo cobre cuando quiera. Y carpetazo al tema. Así que no me venga con preocupaciones y exiga en su discurso que se pongan en marcha las fórmulas necesarias para proteger al trabajador haciendo de su empleo, base económica y sustancial del ser humano hoy día, un derecho inalienable y constitucional.

Tenga usted, Don Juan Carlos, un venturoso año nuevo y un 2009 para contemplar desde la atalaya de su palacio las sangrías judiciales, políticas y laborales que vamos a padecer durante los próximos doce meses.

La foto es de Ángel Díaz (EFE).

Si quieres escuchar el discurso del Rey, pincha en este enlace de la SER:

1 comentario:

Jarillo dijo...

Yo estoy por pedirle al Rey,Mago él al decir de algunos,unas gafas de aumento para algunos "colegas" de Jerez..que algun@s parecce que no qyuieren ver (como los girasoles...)

Saludos

P:D: La carta ..Chapo. El blog: como siempre ..da gusto leerlo ( y leerte)

Saludos