lunes, 22 de septiembre de 2008

Carta a Arnaldo Otegi

Señor Otegi:
Permítame obviar formalidades y evitar lo de "estimado" al inicio de mi carta por razones obvias.

La democracia tiene muchas aristas. Su existencia permite a todos optar a participar de las instituciones, a todos sin excepción, respetando las normas convivenciales y el sistema de representación. Existen parlamentos europeos con diputados neonazis desde hace años (Austria, Holanda,...) y ultraizquierdistas de los que Mao para ellos era un conservador. Es el precio de las urnas. Tienen su representación porque son la voz de una parte de la sociedad con la que no comparto sus criterios, pero está ahí. Y la democracia les permite estar presentes en un sistema que abarca a todos. El despreciable de Le Pen ha sido durante años votado por miles de franceses y casi llega a alcanzar el Gobierno, aunque fuera a través de pactos, de un país crucial en el devenir político y económico europeo como es el galo.

No me molestan. Les temería hace décadas, cuando las sociedades de cada país estaban formadas por ciudadanos sin apenas preparación cultural ni capaces de discernir por culpa de las injusticias sociales, cuando los discursos calientes pero vacíos embaucaban porque no existían los debates televisados, ni los periódicos, ni las emisoras de radio, cada medio de una tendencia donde elegir libremente a la hora de contemplar la actualidad con el caleidoscopio de cada tendencia. Los ultras apenas tienen ahora poder. Su presencia es obvia en los parlamentos, pero no pasan de ahí y si incluso alguno llega a gobernar (lo hemos visto ya en países europeos) no pueden aplicar sus teóricas radicalidades y ni siquiera la ultraderecha es la de antes. Ahora son más temibles los que van de liberales o de moderados que los ultras. Berlusconi es un claro ejemplo de ello. Su formación política es más vomitiva que cualquier partido nazi. A sus decisiones me remito.

Por eso no me preocupa que existan partidos independentistas en España. Yo, señor Otegi, le permito hacer política. La democracia es grande hasta para ustedes, que entran en su bondadoso y justo pastel. El problema de gente de su cuenta es tan complejo como sencillo: hagan política a través de sus organizaciones, pero no sustenten con ellas al terrorismo. ¿Acaso Ezquerra Republicana de Catalunya no es un partido independentista, casi radical y su propio nombre ya da hasta grima pronunciarlo? Y gobiernan en Cataluña, donde por cierto son mucho más inteligentes que en el Pais Vasco, señor Otegi.

Si usted fuera Gerry Adams, si tuviera la capacidad de controlar realmente a ETA, hubiera intermediado para hacer el trueque necesario: ustedes hacen política pero disuelven la banda terrorista. Es el precio de la democracia. Ustedes tienen su partido, su bandera, sus ruedas de prensa en vasco, sus concentraciones los días patrios como todo hijo de vecino nacionalista, sus subvenciones,... pero no alimentan el terrorismo. Disuelvan ETA y podrán sentarse con nosotros. Si no lo hacen, si con el dinero de todos continúan comprando explosivos, matando personas y quemando cajeros, no hay nada de qué hablar.

Es tan sencillo como decirle que me temo que su problema es que sabe que, en el ruedo político democrático, ustedes tienen la batalla de las urnas perdidas. Y lo que quieren es poder absoluto. Si me equivoco, acepten el reto y déjenme mudo, pero no con un tiro en la sién, sino con los votos que le permite la democracia en la que, aunque cueste trabajo creerlo, usted y los suyos tienen cabida.

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