miércoles, 20 de agosto de 2008

En memoria de las víctimas

Me imagino a esos seres humanos tras tomar asiento en el MD-82 de Spanair. Con la placidez que da la paciente espera en el interior de un vehículo, seguro estoy de que la mayoría hacían cábalas en su mente sobre cómo disfrutar lo máximo posible de su tiempo libre en Canarias a partir de las cuatro, las cinco de la tarde, cuando muchos soltaran las maletas en el hotel, en casa de algún familiar, refrescaran rápidamente su rostro y se colocaran un bañador, un pareo, un sombrero de paja para soportar mejor el calor de las islas.

Ojeando las habituales revistas colocadas en el asiento delantero, la pequeña que ha muerto camino del hospital estaría jugando con la bandeja abatible y su madre la habría mandado replegarla instantes antes de ese maldito despegue.

Lo demás... Habrá sido similar al inicio de Fearless, sin miedo a la vida, paradójico título para aquella película de Peter Weir. Pero lo ocurrido ayer en Barajas no era un plató cinematográfico, sino la misma vida. O la misma muerte arrasando en segundos en aquel avión.

A estas horas, cuando ya anochece en el cielo limpio de Cádiz y atizonado de humo y luto en Madrid, los periódicos se convierten en internet en una macabra sucesión de cifras de fallecidos, como si de apuestas por la muerte se tratara, sobre el cráter dejado por el avión a modo de ensangretado tapete, para el juego de subir al cielo sin reparar en la existencia del error humano, presente y consustancial hasta cuando se nos olvida. Dicen que llevan contabilizados 140 cadáveres, carbonizados la mayoría. Entre ellos estarán las chicas que vuelan durante todo el día, las jóvenes azafatas que tenían toda una vida por delante, repasando el perfil de sus labios en el pequeño espejo del aseo, el nudo del pañuelo y su ensayo de sonrisa instantes antes de la tragedia, sin saber que sería el último vuelo hacia el cielo. O el primero.

Son horas de dolor. Mi fe de creyente me hace orar a Dios y mi fe en el hombre me obligará a exigir, en su momento, responsabilidades por este horror. Y me temo que el caso va a traer cola.

EN MEMORIA DE TODAS LAS VÍCTIMAS DEL ACCIDENTE DEL AVIÓN EN BARAJAS EL 20 DE AGOSTO DE 2008.

1 comentario:

Mar dijo...

Ni ironia ni humor negro, ahora solo rabia. Rabia de ser consciente que un error humano puede llevarse por delante tantas vidas (una sola vida, ya habrían sido muchas).

La sensación de impotencia me recorre todo el cuerpo cuando oigo hablar al responsable de la compañía. ¿Responsable?

Mientras miro las imágenes - sumergida en ese estado de tranquilidad irreal que te proporciona pensar que no habían familiares ni conocidos en ese avión - la mala leche me va subiendo: "¡Coño! Con la cantidad de dinero que se embolsan ¿por qué no revisan los aviones a punto de jubilarse con más asiduidad?"