martes, 27 de mayo de 2008

Sydney Pollack

Me pregunto cuál sería la utilidad de mi reflexión de hoy si me limitara a decirles que Sydney Pollack ha muerto. Eso ya lo saben. Si les aporto una interminable lista de películas que dirigió a lo largo de su vida tampoco les será de mucho valor. Para eso escriben su nombre en Google y allá va la sucesión de películas que no sólo hizo tras la cámara, sino delante de ella o produciéndolas...

Así que me limitaré a decirles que fue un tipo arriesgado (Danzad, danzad malditos), un extraordinario narrador de historias cotidianas, dolosas y convulsas socialmente (Tal como éramos), un maestro del 'tempo' narrativo muy lejos del vacío preciosista de otros (Memorias de África), un salvador de proyectos inacabados (Eyes wide Shout), un auspiciador de 'revivals' del trasvestismo Wilderiano (Tootsie), un enorme director de acción (La intérprete, Yakuza), un caballero (se dirigió con una reverencia a Steven Spielberg cuando le venció en los Oscar dejando la magnífica El color púrpura sin una estatuilla) y un maestro que supo darle a sus músicos para cada ocasión el lugar que les correspondía: John Barry, Marvin Hamlisch, Dave Grusin, John Williams, James Newton Howard,... ahí es nada.

He escrito varias páginas monotemáticas en los periódicos dedicadas a Sydney Pollack en estos pasados años. Rescataré los textos en próximos días.

Hoy sólo puedo apostillar que ha muerto un grande con mayúsculas. Esta noche volveré a revisar aquella secuencia de Memorias de África en la que Meryl Streep entra en el bar exclusivo para hombres y todos le abren paso, menos uno que permanece sentado y se siente obligado moralmente a ponerse de pie antes del brindis,...volveré a emocionarme al ver a la baronesa arrodillada ante el gobernador, defendiendo a sus nativos:

-"¿Tengo su palabra?"
-.....
-(La esposa del gobernador): "Tiene la mía".

Repasaré ese plano secuencia final de Tal como éramos y el indefectible camino de cada protagonista mientras Pollack abría campo visual subido en la grúa. O el viaje en aquel autobús mortal en La intérprete. Cualquier fotograma de Pollack vale más que decenas de películas actuales.

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