martes, 1 de abril de 2008

Panorama para reflexionar

En algunos círculos relacionados con la Iglesia Católica, como es el caso de las hermandades, lo he dicho en reiteradas ocasiones a lo largo de los últimos meses: ser católico está pasado de moda y a determinadas organizaciones eclesiales se les está cogiendo manía. Y eso viene provocando un rechazo social que parece no deseamos ver.

Si la iglesia pierde adeptos, ella tiene una buena parte de culpa. No toda, es obvio, pero no hay nada mejor para el enemigo que ofrecerle tu cabeza en bandeja con tus actos. Si las hermandades no sólo se estancan sino que están siendo atacadas, también ellas son culpables. Este debate lo he mantenido no sólo con jóvenes, sino con personales cualificadas que han venido a darme la razón y cofrades de prestigio.

La concejala de IU de Córdoba con la sirena en su balcón no deja de ser un ejemplo de inmadurez, pero el lanzamiento de huevos a imágenes en Sevilla y los rumores de que esto estaba sucediendo en Cádiz esta Semana Santa no son asuntos baladíes. Han comenzado, de nuevo, el desparrame de cristales en el suelo, como en los años posteriores a la muerte de Franco, cuando algunos creyeron que las cofradías eran representantes del extinto régimen.

Los espectáculos coloristas que protagonizan las cofradías en los últimos tiempos no están aportando absolutamente nada para encauzar la evangelización de las hermandades en el verdadero camino del seguimiento de la doctrina de Jesús. Coronaciones canónicas y procesiones magnas entre otras cosas se están convirtiendo en meros ejemplos de oropeles para la autocomplacencia de los aficionados que cada vez se van apoderando más de las juntas de gobierno, desfiles de modelos sin ningún contenido evangelizador y patrimonio hasta ahora mimado que los que se hacen llamar cofrades ponen en manos, inconscientemente, de los políticos de turno que aprovechan estos elementos de atracción hacia los ciudadanos para ponerlo a su servicio como evento cultural social sin otra pretensión que el alardeo vacío.

Lejos del verdadero sentido de la estación penitencial en sus fechas, cuyo mensaje es enormemente válido ante la muestra de Dios hecho hombre y sufriente por las injusticias sociales y políticas, las procesiones fuera de ámbito y los eventos extraordinarios vienen a servir de excusa para los que no nos quieren y así aducir que vaciamos el contenido evangélico las imágenes para exponerlas como meros ejemplos artísticos de cara a la galería.

Ante la falta de respeto que nos tenemos a nosotros mismos con estas decisiones y las continuas trifulcas públicas en foros de internet, lugares públicos e incluso juzgados, las hermandades están sufriendo una devaluación gravísima provocado por los que han tomado las riendas de estas instituciones, antaño respetadas, formadas por personas discretas, conocedoras de la fe armonizada con el gusto estético y formadoras de los jóvenes, y ahora amantes de la polémica, suciamente cobardes bajo seudónimos, aficionados sesgados por aspectos secundarios como la carga o la música y totalmente alejados de la práctica defendida por aquel nazareno que vino a enfrentarse al odio, la envidia, los rencores, expulsó a los mercaderes del templo, se rodeó de personas humildes y se encaró con el fariseísmo hasta la muerte.

Esta situación y la de la Iglesia en general están provocando hechos como los que acaban de salir publicados en los medios de comunicación. Las peticiones de apostasía para dejar de pertenecer a la Iglesia Católica se multiplicaron por seis en 2007, año en el que la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) presentó ante distintos obispados 287 reclamaciones de cancelación de datos en los libros de bautismo, frente a las 47 de 2006.

Esas casi trescientas personas se dirigieron a la AEPD después de que parroquias y obispados les denegaran un derecho previsto en la Ley Orgánica de Protección de Datos Personales. De las que han pedido apostatar pero no han acudido a la AEPD no se tiene información centralizada. "En 2007 se ha producido un salto muy significativo", dice a Efe Artemi Rallo, director de la Agencia de Protección de Datos, que señala que de las 287 resoluciones dictadas por la Agencia, 183 han dado lugar a recursos ante la Audiencia Nacional. La mayor parte a iniciativa de los obispados, en especial los de Valencia y Madrid, "los más reacios": de las 287 reclamaciones 140 fueron de Valencia y 36 de Madrid.

La Audiencia Nacional, que en octubre de 2007 dictó su primera sentencia desestimando un recurso del arzobispado de Valencia, ha resuelto hasta la fecha otros 70 casos, informaron a Efe fuentes del Tribunal. Todos ellos están recurridos en casación ante el Supremo. Y no sólo recurren los arzobispados. También, reclamantes no satisfechos con lo estipulado por la AEPD, que defiende una anotación marginal en la partida de bautismo, y no la destrucción total del documento. Criterio que además ha asumido la Audiencia Nacional en las sentencias dictadas hasta ahora. "Cualquiera puede percibir las razones de fondo para apostatar", afirma Rallo. Este incremento significativo "debe tener que ver con los avatares sociales y con los temas con connotaciones religiosas que se están suscitando en el seno de la sociedad". La AEPD no entra en valoraciones de tipo religioso. Los que piden su tutela "ejercen un derecho civil, no religioso, con el que satisfacen intenciones que tienen que ver con la conciencia y con sus convicciones religiosas", agrega el director del organismo. Desde el Gobierno se mantiene que si alguien cree vulnerado un derecho puede ir a la AEPD y a los tribunales pero "como asunto religioso, el de la apostasía es un tema interno de la Iglesia Católica en el que la Administración no entra", afirma un portavoz del Ministerio de Justicia. La oposición de la Iglesia a la ley que regula el matrimonio entre personas del mismo sexo, y el reciente nombramiento de Antonio Rouco Varela como presidente de la Conferencia Episcopal están detrás de muchas solicitudes, explica a Efe Luis Miguel Sanguino, abogado de la Oficina que acaba de abrir el ayuntamiento de Rivas en Madrid para asesorar y tramitar peticiones.

Fuentes de la Conferencia Episcopal, consultadas por Efe, afirman que el de la apostasía es un tema sobre el que la cúpula eclesiástica no ha emitido ningún comunicado y del que no disponen de datos. "La Conferencia Episcopal no es un órgano jerárquico sino colegial, y hay determinados asuntos en los que los obispos actúan en sus diócesis de manera independiente, según los criterios que les parezcan más oportunos", explicaron las fuentes. Cuando alguien se plantea apostatar tiene que pedir la cancelación de sus datos personales tanto en la parroquia donde fue bautizado que custodia el Libro del Bautismo, como en el obispado o arzobispado en cuyo archivo diocesano figura una copia del citado documento. Si el obispado lo deniega, el interesado puede acudir a la AEPD para reclamar la tutela de derechos -del derecho de cancelación- contemplado en la Ley Orgánica de Protección de Datos Personales (LOPD). En este momento se produce una colisión entre dos posiciones. La de la Iglesia, que por un lado piensa que no le corresponde reconocer el acto de la apostasía, y por otro, cree que los libros de bautismos no son un fichero, sino que refieren actos históricos que no prejuzgan la pertenencia a la Iglesia, por lo que no procede la cancelación de datos. Y la de la AEPD que opina que los libros de Bautismo son una base de datos de carácter personal (contienen nombres, apellidos, fecha y lugar de bautismo), sujetos a la ley Orgánica de Protección de Datos Personales. Esta ley contempla que esos datos "serán exactos y puestos al día de forma que respondan con veracidad a la situación actual del afectado".

En el caso de la apostasía -según la AEPD- debe verificarse con una anotación marginal en la partida de bautismo del reclamante, a fin de que se haga constar el ejercicio de su derecho de cancelación. "Los datos no se pueden eliminar -explica Artemi Rallo-, y la Audiencia Nacional ha entendido que, con este mecanismo, se satisface de forma proporcionada la aspiración legítima del ciudadano a actualizar su información personal de naturaleza religiosa plasmada en ese fichero que es el Libro del Bautismo".

La reclamación de la Agencia de Protección de Datos ante el obispado concluye la vía administrativa, y queda abierta la contenciosa administrativa con la posibilidad de presentación de recursos tanto del reclamante como de la iglesia ante la Audiencia Nacional.

De informar sobre este procedimiento, entre otros aspectos, se encarga la oficina recientemente abierta en el Ayuntamiento de Rivas (Madrid), gobernado por IU. Desde el 6 de marzo han atendido 1.450 llamadas de toda España, sobre todo de Madrid, y han tramitado unas 200 solicitudes procedentes de Rivas. "Sólo tramitamos las de esta localidad, pero atendemos llamadas de todas las comunidades autónomas", explica Luis Miguel Sanguino. De las consultas recibidas han podido constatar -afirma- que la mayoría de los arzobispados optan por lo que hace el de Madrid: no se da por aludido en cuanto a ley de protección de datos, deriva el asunto a una cuestión de fe, niega que tengan fichero, y ofrece una reunión en la que informan de las consecuencias del acto de la apostasía. "La gente -concluye- quiere ir a la cancelación y destrucción del documento, a no pertenecer a la Iglesia ni siquiera aparentemente, y ese es nuestro objetivo”.

1 comentario:

Mauri dijo...

En Cádiz pasó lo de los huevos. La diputada de tramo de la tercera sección de la Hermandad de Caído recibió un huevazo cuando la Hermandad transitaba por la calle Arquitecto Acero, es decir, tras salir de Catedral. No es una invención. Hubo que limpiarle el hábito, lo cual hicieron entre dos o tres mujeres que se encontraban en el lugar.

Lo de los cristales que comentas lo pensé también. Es más, tuve cierto temor cuando mi Cofradía de la Buena Muerte iba a entrar por la Plaza de Mina y el Tinte (zona de bares) por si a algún hijo del liberalismo se le había ocurrido manifestar su amor a la tolerancia de dicha manera. Afortunadamente no pasó nada.

Es cierto lo que comentas acerca de las procesiones extraordinarias. Así nos luce el pelo. En fin, espero que a ninguna mente lúcida se le ocurra plantear una Procesión Magna en San Fernando en el 2010 o en Cádiz en el 2012 por los respectivos bicentenarios, por que justificación religiosa no harbía ninguna.... ahora que si queremos jugar a convertir una protestación de Fe en un circo turístico, adelante. Sólo deseo que si eso se planteara, las hermandades lo consulten en sus correspondientes cabildos y los hermanos sean lo suficientemente maduros.