martes, 29 de abril de 2008

Otra más de Fernando Santiago

Fernando Santiago la tiene liada ahora en Sevilla. Pongan en cuarentena el adverbio de tiempo que he utilizado, porque es relativo. Si gustan de ser más objetivos e incluso acertar en la diana, sustitúyanlo por otro adverbio, "siempre".

Si quieren saber qué ha sucedido en la última asamblea extraordinaria de la Federación Andaluza de Asociaciones de la Prensa (FAAP), vayan al enlace del blog del periodista Pepe Contreras (http://pepecontreras.blogspot.com/2008/04/fernando-santiago-y-los-periodistas.html).

Buscando esta mañana en las hemerotecas, me he encontrado con un artículo que no merece desperdicio. Miren que muchos decidimos que no merecía la pena el personaje, pero es que ya ha llegado la hora de pararle los pies a ese tipo de gente que nos rodea. Y entre los que no desean meterse en ningún fregado como producto de su temor o del "nunca se sabe quién te puede dar trabajo" (por esta frase están repletas de palmeros muchas conferencias impartidas por gente absurda, catetos venidos a más, contertulios de programas de radio o TV que pontifican con la boca llena de canapés o nuevos ateneístas impresentables), los personajes como Santiago se escapan vivos. Y hoy no puedo resistirme a la tentación de trasladarles el artículo con el que me topé. Lo escribió Mauricio Navascués hace ahora casi un año, cuando el asalariado de Diputación arremetió contra los trabajadores de Delphi... y se llevó propina.


Fernando Santiago, víctima
por Mauricio Navascués(Publicado en Viva Cádiz)

Existen motivos cada semana para criticar a Fernando Santiago, presidente de la Asociación de la Prensa de Cádiz. Tiene otros cargos que no enumeraré, algunos políticos y otros ganados con el tiempo, los servicios prestados y el trabajo, supongo. Hoy toca darle nuestro apoyo por una agresión, supuesta agresión, que sufrió al ejercer el derecho a la libertad de expresión. Condenada queda y punto, porque hoy toca también tratar de contarles a los lectores de Viva Cádiz quién es este personaje que tantos apoyos ha despertado después de haber insultado a los trabajadores de Delphi.
A diferencia de él, no voy a ocultarme bajo un “a título personal” como hace siempre que mete la pata en sus artículos en Diario de Cádiz y El País, consciente o inconscientemente. Y créanme, no son pocas veces.

Para situarse, el lector debe saber que hace días que publicó una serie de ataques contra los empleados de Delphi, a cuenta de sus bajas laborales, escasa productividad y alta caradura. Santiago no dijo nada con mano izquierda porque carece de ella. Es su forma habitual, porque suple su falta de talento con la provocación. Entró a matar y se ha llevado una cornada. Tarde o temprano tenía que pasar. Carnaval, Semana Santa, Jerez... se ha metido hasta con las monjas de clausura. Santiago no tiene ni límites, ni escrúpulos. Otorgarle una columna a Santiago es tan arriesgado como darle una pistola a un chimpancé. Hace más de un año que Isidoro Martínez, columnista de esta misma página todos los viernes, sufrió algo parecido a lo que le ha pasado ahora a Santiago. Escribió un artículo, ofendió a alguna que otra persona y recibió las consecuencias. Aquel día el presidente de la APC no habló de libertad de expresión, ni llamó a sus adláteres para que escribiesen notas de prensa, ni siquiera se dignó a dar una palabra de ánimo a la víctima. Y eso que Kico, como le llamamos sus amigos, había escrito un cuento para niños en comparación con las burradas que le ha dicho Santiago a todos los trabajadores de Delphi.
Lo que le ha pasado a él y que tantos golpes de pecho ha motivado, no es ni la mitad de lo que pasó el bueno de Kico, su familia y amigos. ¿Se imaginan ir a la parada del autobús y ver la foto de su hijo o su hermano bajo un “se busca”? Pero Fernando Santiago tenía sus razones para negar su solidaridad, aunque fuesen sus fascistas ideas sobre lo que es el periodismo. No quiero dejar de recordar las gravísimas pintadas contra Cope Cádiz que él ignoró. ¿O las celebró?
Pero, más que sus artículos, lo que da arcadas es leer las petulantes notas de prensa que las entidades que él mismo preside han escrito ensalzando la libertad de expresión y dibujando a un Santiago malherido. Como la defensa que de él ha hecho la periodista Carmen Morillo en un artículo pedante donde los haya. Ella, como seguidora de este gurú, será terriblemente recordada por protagonizar la asquerosa censura que vivió Cádiz cuando prohibieron el reparto de este periódico en el hospital. Otro gran silencio del presidente de la APC. Y eso que decíamos la verdad. A saber qué nos habrían hecho si hubiésemos utilizado el estilo Santiago. Ya no se defiende a los periodistas ¿Hay que recordar que este imparcial periodista pidió el voto para el PSOE en las pasadas municipales? Ya es hora de que los miembros de la APC recapaciten y se olviden de los jamones en Navidad. Es vuestro turno porque el de Fernando Santiago parece llegar a su fin. Hasta sus abusos tienen un límite.

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