lunes, 24 de marzo de 2008

Si vais por Sevilla en los próximos días y aún no habéis descubierto esta maravilla, os aconsejo fervientemente visitar el Museo de Bellas Artes para ver la exposición El Greco, Toledo 1900.

Quizás mi visión de la obra del pintor, escultor y arquitecto cretense sea eminentemente subjetiva dada mi predilección hacia él por encima del resto del abanico conformado por los célebres pintores aparecidos a lo largo de siglos pasados. Pero independientemente del nivel de agrado que puedan depararnos los lienzos de El Greco, es obvio que se trata de una exposición de gran relevancia que tenemos el lujo de poder ver en Andalucía, con obras que originariamente se ubican en la ciudad que lo acogió y en la que, en los primeros años del siglo XX, comenzó el resurgimiento de su nombre gracias a una corriente encaminada a prestigiar la firma de un pintor absolutamente inclasificable. Su estilo era absolutamente anacrónico con la pintura existente en el siglo XVI.

Más allá de las predilecciones personales, resulta fascinante contemplar el resultado del espíritu artístico revolucionario de El Greco en aquellos tiempos, que bien pueden observarse en los lienzos que, hasta el 30 de marzo, se exponen en el museo hispalense. Desde el apostolado completo hasta Las lágrimas de san Pedro, pasando por la Verónica -motivo frecuentado por el griego a la hora de pintar- retratos profanos e imágenes fotográficas de principios de siglo, la exposición sirve para conocer con especial detalle la evolución de la pintura de El Greco, siempre reflejada en sus lienzos con un manierismo exacerbado, y quedarnos prendados de su estilo personal y único: retratos de una impresionante movilidad, trazos teóricamente difusos definiendo la silueta de cada discípulo, colores vivos en el ropaje, miradas penetrantes observadoras,... ¿Hubieran quemado a El Greco si no hubiera estado tan protegido por parte de los más altos legisladores de Creta, Roma y España? ¿Qué visión tenía El Greco de las extremadamente alargadas manos que pintaba, con la sinuosidad de los dedos plasmados sobre fondos oscuros? ¿Por qué tantas obras del cretense sé de buena tinta que pertenecen a colecciones privadas de Hungría?

Mi devoción hacia este artista me ha hecho visitar ya por dos veces la exposición sevillana y en otro par de ocasiones el Museo del Prado. El la última, en diciembre de 2006, fue captada la fotografía de hoy en este espacio, arriesgándome sin contemplaciones a ser expulsado del Museo al estar totalmente prohibido captar instantáneas. Pero me pudo la poca verguenza y esta es mi foto con el famoso cuadro del Caballero de la Mano en el Pecho. Una réplica en lienzo de esta obra maestra está colocada y enmarcada con marco dorado y estofado a la usanza del original en la zona de acceso a la planta superior de mi casa. Lejos de convencionalismos de la época, fantasmagóricamente atrayente a través de sus obras, y amante del motivo de la Santa Faz de Cristo, El Greco es un visionario del arte al ser precursor del cubismo y se convierte en una ocasión excepcional para conocerlo mejor.

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