domingo, 10 de febrero de 2008

Mi cruz de guía


Comienza la cuenta atrás para, como dijo Enrique Montiel en su pregón de la Semana Santa, "el milagro de la primavera isleña". Permitidme que en las próximas semanas me decante por esa enrabietada manifestación de los sentidos que significa la Semana Santa.
Soy creyente y crítico. Es decir, más creyente aún que muchos. Soy cofrade e inconformista. Es decir, más cofrade que otros. Me repugnan los becerros del oro y me rebelo contra los que dicen que las hermandades no estamos para dar de comer al hambriento. El día que mis hermandades no dediquen una buena parte de su presupuesto a la justicia social, renegaré de ellas. Pero como no sucede, y como a pesar de sus innumerables imperfecciones y defectos la Semana Santa me conduce al éxtasis de mis sentimientos, seguiré siendo aprendiz de cofrade hasta que me muera. Y me erizará el vello la mescolanza del incienso, el azahar y la cera.
Y seguiré defendiendo que no hay manifestación artística más perfecta que un paso. Y sobre todo, un paso de palio. Es cierto que no hay nada más perfecto que un soneto. Sobre todas las cosas artísticas, el soneto literario es el culmen de la perfección. Los más grandes poetas han sido grandes porque han escrito sonetos. Si no, no son nada. El soneto es perfecto. Pero el paso de palio lo es más aún. El soneto tiene catorce versos, y el palio tiene doce varales. Debe ser que al soneto le sobran dos versos. Sí, porque estoy convencido de que al palio no le falta nada. Su canon estético es tan perfecto, que tiene que tener doce varales. Por eso, es al soneto, indudablemente, al que le sobran dos versos...
"Noche de viernes joven. Desde hace varios años, los viernes de la juventud cofrade elegidos en Cuaresma, por obra y gracia de la Hermandad de la Misericordia, se convierten en un destacado eslabón de esa cadena que conforma el preludio de nuestra Semana Mayor. Las puertas de los templos van cubriendo su majestuosidad con las barrocas proclamas de cultos, en las cuales las grecas soportan orgullosamente las benditas imágenes de los sagrados titulares y acompañan en su entramado al conjunto dibujado por artistas y devotas manos. Los cofrades no descansan... y menos el joven. Los sábados y domingos se transforman en días de peregrinaje por las calles de La Isla, dejando en los tranquilos hogares las estampas de Cristo y María en sus distintas advocaciones, como acto único y peculiar, hecho ya tradición, de La Isla. Casualmente, desde el primer escalón de entrada, en el interior de alguna casa se oirán, como un lejano pero familiar rumor, en una mescolanza enrabietada de los sentidos del oído y el olfato despertado con el aroma del incienso, los acordes acompasados de Amargura, La Madrugá o Nuestro Padre Jesús de la Misericordia, venidos de una cerrada habitación en la cual con toda seguridad, habrá un joven que horas después limpiará la plata, recogerá su túnica y asistirá a esa reunión convocada en la misma mañana para que todo transcurra, durante estas ajetreadas jornadas, tal y como se viene organizando tradicionalmente. Faltarán menos días para que, a horas inusuales, forme parte del desordenado orden que se vivirá en la parroquia las noches anteriores a la salida procesional. Allá, en la sacristía, en una recogida esquina, un grupo de jóvenes conversan y cuentan mil y una anécdotas cofradieras, mientras los claveles y lirios del monte del paso se pinchan con las ya amoratadas manos. Los más artistas, con la sensibilidad consciente a flor de piel durante esos días, trabajan en el palio, dibujan con el perfil y el olor de blancos encajes florales las jarras que acompañan a María en su andadura, lenta y pausada, por las calles de La Isla...".
(Del Pregón de la Juventud Cofrade-1992. San Fernando)

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Todo se resume en una gran frase: "quedémonos con las vísperas". (grande García Barbeito)

No sé por qué, cuanto más años cumplo disfruto más de las semanas previas (con la de pasión, la que más) que con la propia Semana Mayor (que muchos le dicen).

Me llena de gozo ver trabajando por igual en una casa de hermandad a todo el mundo. Cada uno de su padre y de su madre, con trabajos y ambientes totalmente contrapuestos y, en cambio, todos hermanos e iguales con una misma fe y guiados en sus caminos por lo mismo, Él y su Madre. Como Él nos enseñó. (Siempre dije que tenía un martillazo místico)

Cuando tenga que organizar un pregón (de los cual no soy muy amante), te llamaré. Me gusta más un pregón de vivencias que de poesía. No me entra en la cabeza que todo cofrade-pregonero lleve un poeta dentro.

En fin, le pese a quien le pese, en este tiempo donde lo 'in' es repeler todo lo que huela a religión (a excepción de los pañuelos palestinos, que eso queda de lo más chip) los cofrades se hacen presentes en las ciudades para dar pública manifestación de su Fe.

A partir de ahí, se pueden entrar en otros debates de folklorismo, tradición y demás, pero ver a alguien rezando en una esquina en el mayor de sus intimismo me hace pensar que el esfuerzo de todo un año ha merecido la pena. Porque, con qué se puede compensar o qué iguala esa oración de la persona anónima que pide o da gracias por algo que nunca nadie sabrá, sólo Él o Ella y la persona.... Nada lo iguala.

En fin.... en lo íntimo hay mucha grandeza.

Mauri.

P-D-. Siempre que te he escuchado de lo de la belleza de un paso de palio he pensado... ¡¡Cuánta razón hay en esas palabras y cuánto se pierde quien no sabe valorarlo, aunque sea como puro arte!!

Anónimo dijo...

Yo para definir esta sensación tanto previas como posteriores a la Semana Mayor simplemente puedo decir...INCREIBLE... es una sensacion indescriptible, me quedo sin palabras a la hora de intentar contar lo que corre por mi cuerpo cuando me quedo anodadado frente a una imagen o frente a un paso de palio...