miércoles, 9 de enero de 2008

FELICITADME

El 9 de enero de 1969, a las tres y cuarto de la tarde, llovía a cántaros y el agua correteaba entre los adoquines de la calle para terminar en la gaditana plaza de San Juan de Dios. En el Hospital de la Misericordia nacía yo (no podía ser en otro lugar, por la ciudad y por su nombre), de manera que en pocas horas cumpliré 39 años.

A los cuatro me vestí de nazareno por vez primera. A los siete me disfracé en Carnaval. A los diez vi en el cine, en una afortunada reposición, Los diez mandamientos, y comprendí que aquello iba a formar parte de mi vida. A los once estaba tras una barra de una caseta de feria recogiendo botellines de refrescos. Me compré la banda sonora de Superman, de John Williams, que posteriormente perdí en una negligencia que jamás me perdonaré. Comencé a coleccionar bandas sonoras cuando adquirí el vinilo de Memorias de África con 17 años y John Barry me hizo sentir con su música lo que nadie ha logrado jamás. Para entonces ya había visto mucho cine. Y el que me quedaba por ver...

A los diecisiete empecé a engañar a las mujeres y a los veintidós casi me parten la cara, pero aún no han podido hacerlo. Ya antes, a los veinte, empezaba a trabajar haciendo radio con mi programa de cine y en el semanario San Fernando Información, posteriormente convertido en diario. Pasé por las facultades de Derecho y Filosofía, pero fui incapaz de terminar y ni logré ser abogado ni profesor de Historia, aunque algún día acabaré ese par de años que me quedan. Me iba a ir a Madrid a estudiar cinematografía y por dos décimas me dejaron en Cádiz. A la vieja que me alquilaba una habitación en su casa le hizo una gracia enorme cuando se lo dije días antes.

Mi primer contrato en el periódico era de cuatro horas y ganaba 35.070 pesetas, pero desde el primer día ya trabajaba diez y el dinero era el mismo. Hice informativos en la emisora, programas de ocio, controles de los espacios de flamenco y algo debí entender del tema cuando la Tertulia Flamenca de La Isla me distinguió con su insignia de oro. Por cierto, fui el primer periodista que dio la noticia de la muerte de Camarón aquella mañana de junio de 1992, en el informativo matinal de Radio La Isla. A partir de ahí, la vorágine durante 48 horas...

Ya antes me había liado con una compañera de la radio. Su novio se reía mucho conmigo. Dejó de hacerlo cuando lo abandonó por mí sin que él lo supiera, y me preguntaba insistentemente que no comprendía cómo en tan pocos días ella podía ya estar saliendo conmigo... La tipa en cuestión hizo lo mismo conmigo cinco años después, pegándomela con un sujeto siniestro de pelo pringoso. Volví a liarme con otra, pero esta vez del periódico, para alternar, pero me cambió por cachondeos políticos a los tres años, por un concejal de Arcos un fin de semana, congresos de desmadres y amigas gilipollas. Y fui a caer con una de ellas posteriormente que parecía salida de la serie Amar en tiempos revueltos, loca por casarse. Una noche salió de mi casa con sus pertenencias y respiré tranquilo tras meses de autismo en la cama. Tengo culo de mal asiento para las relaciones, pero ahora soy feliz...

Y laboralmente salí tras dieciséis años de mi empresa periodística para irme a trabajar al Cádiz CF, desde donde me llamó Antonio Muñoz Vera para que fuera su director de medios y comunicación. Transformé aquello en un verdadero departamento, pero el club es su cortijo particular y se enfrentó a la prensa y a todo ser viviente de la sociedad gaditana sin escuchar mis consejos. Después de meter la pata, ha preferido no dar la cara y culparme de su desatino. Pero eso es otra historia que contaré en estos días, cuando suceda algo en horas en mi vida laboral.

Nada me ha dado tantas satisfacciones como las mujeres y el cine. De las primeras ya he hecho una semblanza (lo que se puede contar, claro está) y del cine me quedo con mis sesiones en los festivales de Sitges, Málaga, Alcances, los Encuentros de Música de Cine en Sevilla y ahora los Congresos Internacionales de Música de Cine Ciudad de Úbeda. Qué maravilla y qué gente más cojonuda. Y recuerdos aquellos días en Sitges con Carlos Pumares, Pablo Carbonell, Ricardo Gil, Bernardo Bonezzi, las tetas de la protagonista de 'Species' y la cara pa comérsela de Aitana Sánchez Gijón. Y Peter Greenaway cabreado conmigo.

En fin... Toda esta perorata para, finalmente, brindar con vosotros por mis 39 años vividos.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Tú no cambias, mamón.
Que sepas que aunque apenas hablamos, te sigo por aquí. Aunque me jode mucho no contar apenas con tiempo para vernos.
Un besito en la frente casto y puro. (aunque ahora estarás pensando que hay pocos besos puros y castos)
Fdo: Mauri

José Carlos Fernández dijo...

Hombre, mi amigo Mauri... Gracias, colega, un periodista que se preocupa por mí. Increíble. Ja, ja. Es que tú eres antes mejor persona que plumilla.
Un abrazo y gracias por todo. JC