lunes, 17 de diciembre de 2007

Gaddafi en España

Al parecer, Juan Carlos I tiene dos cojones porque puso en su sitio al impresentable aprendiz de dictador que es Hugo Chávez. El "¿Por qué no te callas?" fue todo un alivio para los españoles, ávidos de conocer, tras décadas ya de democracia, para qué carajo sirve la monarquía. El acto reflejo inconsciente del rey español vino a calmar a los pretorianos del régimen impuesto por Franco, que suspiraron de alivio al ver que, dado que el populacho ya se pregunta si el borbón sirve para algo más que felicitarnos en Nochebuena -interrogante fruto de la madurez de cualquier ciudadanía-, con el hecho de plantarle cara al venezolano se puede ya vender desde ahora que Juan Carlos I tiene cometidos.

La tergiversación de la historia hiperbolizando los gestos de algunos terminará en meses, años, por cumplir su papel. Así que si la aparición televisiva del rey la noche del 23-F fue lo que hizo que Tejero saliera por patas del Congreso, en escaso margen de tiempo volverá la leyenda del Cid reflejada en el monarca para que sus soplagaitas y engañabobos nos digan que "Don Juan Carlos cambió la historia de las relaciones hispanoamericanas gracias a aquella intervención brillante mandando callar al bananero venezolano".

A lo que iba. Lo mal visto que en esta democracia está que sus dirigentes se sienten con dictadores y lo bien que se les eche huevos en foros inútiles. Lo que se puede criticar visitas de Estado de Fidel Castro y no digamos cualquier encuentro en La Zarzuela con el ya fallecido Pinochet. O lo civilizados que somos ¿adoptando decisiones? con Bush en sus visitas repartiendo leche en polvo en forma de ayudas económicas en oscuros intereses o tragando lo que a los norteamericanos, chinos o vietnamitas les salgan del carajo en cumbres medioambientales. Pero ahora viene Gaddafi, se sienta con ZP y con el Rey y nadie dice nada.

Lo de Gaddafi es de españolada setentona. Llega a Málaga con un séquito de 40 vehículos, 500 personas a su cargo para hacerle felaciones reales y figuradas, lo llevan a ver la playa, exige hotel con cadena de TV en árabe -tiempo ha tenido de aprender inglés o español- y otras frivolités más. Eso sí, su hijo, el que ha reconocido que el régimen de su padre torturó a enfermeras y sanitarios búlgaros este pasado mes de agosto, se fue a Marbella. Al parecer, le agrada más el glamour caduco costasoleño.

Gaddafi llegó al poder con un golpe de estado en Libia e implantó la 'Jamahiriya', que no es nuevo refresco de Coca Cola Company sin gas sino un conato de revolución árabe entre varios estados para nacionalizar las bancas e implantar el socialismo universal en sus territorios. En nombre del socialismo, qué de barbaridades se acometen...

Gaddafi llegó al poder con sangre y prohibiendo los partidos políticos y ahora llega a España con su jaima. El Gobierno y la Corona le han ofrecido instalar el tenderete en los jardines de El Pardo. Manda cojones. Antes de todo esto y demostrar que desde luego es inteligente moderando sus discursos cuando le interesa, en los ochenta se cubrió de gloria interviniendo en la política africana hasta límites insospechados, provocando la guerra con Chad, participando con su respaldo en atentados en aeropuertos europeos y manteniendo la pena de muerte en su país. Ese sujeto tiene un estado, Libia, enormemente importante para la economía mundial por su producción de petróleo y su situación geoestratégica. Por eso conviene dejarle que monte sus chiringuitos en los países que visita y que los máximos mandatarios estatales los reciba en la más absoluta normalidad, como un dirigente más elegido democráticamente, con la diferencia de que Gaddafi es un dictador y viaja por ahí con 400 escoltas, 60 coches blindados y arsenales enteros de armas. Y antes de ser recibido por nuestro monarca, ha visitado Sevilla para hablar sobre la necesidad de construir una mezquita en la capital hispalense.

Vaya tela...

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